sábado, 1 de octubre de 2011

PLACA HOMENAJE EN LA YMCA – BUENOS AIRES

La “YMCA”, sigla de “Young Men's Christian Asociation”, fue fundada en Londres por Sir George Williamsen, el 6 de junio de 1844, durante la “Revolución Industrial”, motivado por las duras condiciones del trabajo y la tendencia al juego y a la bebida de los jóvenes, promoviendo el desarrollo integral de ellos desde los ideales cristianos.

Actualmente la sede administrativa mundial está localizada en Ginebra, Suiza, con presencia en 130 países con más de 45 millones de miembros, con mayor arraigo en los países anglosajones, de cultura protestante, y en aquellos donde han extendido su influencia ingleses y estadounidenses.

La “YMCA” es co-fundadora de la “Cruz Roja Internacional”; en los Estados Unidos colaboró activamente con Robert Baden-Powel, para la fundación del “Movimiento Scout Mundial”; en 1946 John Raleigh Mott, presidente de la “Alianza Mundial de Asociaciones Cristianas de Jóvenes”, recibió el Premio Nobel de la Paz por su trabajo con refugiados y desplazados de guerra; y es creadora del básquetbol, voleibol, raquectbol y el fútbol de salón.

En nuestro país fue creada el 6 de mayo de 1902, por 108 socios fundadores, en un acto que tuvo lugar en el salón auditorio de la “Primera Iglesia Metodista Argentina”, en la entonces calle Corrientes 718.

Más conocida por su nombre traducido al español, es decir como “La Asociación Cristiana de Jóvenes”, o simplemente como “Young Men”, o “Yumen”, tiene su sede central en la calle Reconquista 439 en la ciudad de Buenos Aires, con presencia en Avellaneda y La Matanza, en el Gran Buenos Aires; Escobar, Monte Hermoso y Sierra de la Ventana, en la provincia de Buenos Aires; y en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y San Juan.

Entre muchos otros aportes, promovió la celebración del “Día de la Madre” y el “Día del Padre”; el primer natatorio climatizado de Buenos Aires; impulsó el movimiento scout en el país y le dio forma a las federaciones deportivas para la organización del deporte amateur en la Argentina.

A través de los años han sido innumerables las figuras de la vida pública y privada que han pasado por la “YMCA”, como Ricardo Aldao, Luis Huergo, Otto Krausse, Manuel Montes de Oca, Francisco Pascasio Moreno, Juan Domingo Perón, Honorio Pueyrredón, José María Ramos Mejía, Carlos Tornquist, Guillermo Udaondo, Estanislao Zeballos, y por supuesto Carlos Gardel y José Razzano.

Carlos Gardel, socio de la institución, solía concurrir a sus instalaciones, sitas entonces en Paseo Colón 161, frecuentando la clase de gimnasia del mediodía, vistiendo gruesa tricota blanca con cuello alto, para luego someterse a la sesión de masajes con el profesor Enrique Pascual.

En su libro “Historia Artística de Carlos Gardel”, Miguel Angel Morena nos transcribe en el año 1921, los recuerdos de Adolfo Rafael Avilés, de la siguiente manera:


Precisamente en la noche del 24 de junio de 2010, al cumplirse 75 años de la desaparición física del “Zorzal Criollo”, “La Asociación Cristiana de Jóvenes” le tributó un homenaje, consistente en el descubrimiento de una placa recordatoria en el auditorio de la sede central, con el siguiente texto:


En el homenaje se distribuyó un folleto describiendo parte de la vinculación de Carlos Gardel con la “Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA” y el secretario general tuvo a su cargo las palabras de introducción acerca de la relación del artista con la institución.


La cantante María Estela Monti sintetizó aspectos de la vida actoral del eximio cantor de Buenos Aires. Concluyó recitando versos del poeta Raúl González Tuñón:

Ahora está más Gardel, y tan lejano.
Por encima del tiempo,
en el sutil territorio del mito
donde vagan los dioses desterrados.
Entre la luz y el aire fugitivo,
con Carriego, en la nube, mano a mano.
Distante y pensativo.


El trío musical Fastras, integrado por Daniel Lifschitz (flauta), Juan Martínez (guitarra) y Guido Martínez (bajo), evocó a Carlos Gardel con la interpretación de algunos de sus temas.

Y Beatriz Airoldi, asociada de la institución invitada al efecto y nieta de José Razzano, procedió a descubrir la placa.


Fuente básica de información: http://www.ymca.org.ar/


Recuerdos y anécdotas de Carlos Gardel en la “YMCA”

De un reportaje que le efectuara Luis Alberto Reilly, publicado en “Mundo Argentino”, el 11 de septiembre de 1929, y reproducido por Hamlet Peluso y Eduardo Visconti, en el libro  “Carlos Gardel y la prensa mundial”, extraemos la siguiente parte.


El comentario de Luis Alberto Reilly nos demuestra por un lado que no sólo Gardel concurría a la “Asociación Cristiana de Jóvenes” para bajar de peso, sino también para desarrollar su físico, y por otro lado los años que concurrió a la institución.

Tengamos en cuenta que Miguel Angel Morena, según los recuerdos de Adolfo Rafael Avilés, ubica el paso de Gardel por la “YMCA” a partir de 1921, en coincidencia con Simon Collier; mientras que Luis Alberto Reilly escribe su artículo en 1929, con lo cual podemos presumir que luchó contra su tendencia a engordar y a cultivar su físico durante casi toda la década del 20, con las consabidas interrupciones impuestas por sus giras y compromisos artísticos fuera de Buenos Aires.


En coincidencia con el reportaje anterior, Gardel practicaba el juego de pelota de mano, según recordara el violinista Manlio Francia (Venecia, Italia, 29 de junio de 1902 - Buenos Aires 7 de mayo de 1981), que de Gardel dijo en una carta: Mi amistad con Carlos era más o menos. Resulta que yo era socio de la Asociación Cristiana de Jóvenes (Y.M.C.A.) y me gustaba jugar mucho a la pelota de mano y Gardel también era un entusiasta de ese juego y muchas veces nos encontrábamos en la cancha y a veces me invitaba a jugar juntos pero daba la casualidad de que yo tenía compañero y le agradecía su invitación, hasta que un día me dijo medio en broma y medio en serio: -Y claro, ahora que sos compositor famoso no querés jugar con los pobres..., y recapacitando cambió de tono diciendo: -"¡Che, que lindo tango has hecho! ¿Por qué no me escribís una parte?... que te lo grabo, siempre que vos quieras.

Porque si algo grande tenía Gardel era su humildad y respeto para todos. Me avergonzaba de ver en la forma sencilla que me lo pedía. El era un artista famoso y lo buscaban para que les grabara algo. De alma yo quería que me grabara un tango pero no tenía coraje de pedirle tal cosa, siempre pensando que mi obra no era digna de ofrecérsela a un artista como él y no quería que pensara que aprovechaba la oportunidad de que nos encontrábamos en la cancha para molestarlo con algo que fuera música. Como él trataba de huir de eso y al fin que se encontraba en el club, ahí también encontraría quien no lo dejase tranquilo. Pensaba yo que era demasiado... y él creía que el orgulloso era yo. Está demás decir que desde entonces fuimos casi siempre compañeros de equipo, cosa que muchos desconocen.

Fuente: Carlos Gardel y los autores de sus canciones, Orlando del Greco, digitalizado en http://www.todotango.com/

Del archivo de la “YMCA”, con fecha 22 de junio de 2005, se publicó un Extracto del "Libro del Centenario -1902/2002 - El Valor de un Mundo con Valores", página 151, editado por la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, del cual resumo lo siguiente:

El “Zorzal Criollo”, Carlos Gardel, entró a la Asociación por iniciativa de Enrique Pascual, un activo socio deportista desde siempre y músico de vocación, que a su vez había llegado a la institución participando del campeonato de lucha greco-romana.

Fue a partir de una pregunta lanzada en una charla informal: “Che Enrique, ¿Qué debo hacer para que desaparezca este mondongo?” –en alusión a su abultado vientre- que Gardel llegó a las clases de gimnasia que impartía Pascual, a las que también concurría el guitarrista José Razzano y una serie de artistas que con el tiempo se destacarían largamente dentro de la música ciudadana: Julio De Caro, Juan de Dios Filiberto, Bataglia, Lomuto, Francia, Avilés, Freges. Las clases de Pascual fueron bautizadas por ese tiempo como “Clases de Bohemia”.

Pascual, luchador y profesor de box en la Asociación Cristiana de Jóvenes, además de refinado violinista fue quien convenció al cantor de rolliza figura de la necesidad de hacer gimnasia. Los lunes, miércoles y viernes, Pascual daba en el Anexo sus clases de boxeo a las que concurría Gardel como espectador. Se cuenta que el cantor fue sorprendido por Dickens, director del Departamento Físico, contando chistes a un grupo de socios sentados a su alrededor; Gardel, alertado de esa presencia, inmediatamente simuló estar haciendo abdominales contándolos en voz alta: “382... 383... 384...”. Apenas había hecho tres flexiones cuando se levantó resoplando: ¡Uf viejo, no doy más!”.

El escritor inglés Simon Collier, en su biografía Carlos Gardel: Su vida, su música, su época, señala que “a principios de los ’20 frecuentaba el gimnasio de la Asociación Cristiana de Jóvenes” junto a Razzano y “también Enrique Gluchesmann(x), el fornido hermano del magnate de los discos y el cine”. Agrega que justamente en 1920 el cantor estaba enamorado de una joven, Isabel del Valle, así es que la pugna por rebajar de peso tenía varias razones: una mejor estampa frente al público, pero además una figura estilizada frente a su novia. Los ejercicios físicos eran, según el cantor, beneficiosos para la garganta. Es por ello que practica –dice Collier-, gimnasia sueca. Se presentaba al mediodía y algunas veces practicaba solo calistenia. Vestía gruesa tricota blanca con cuello alto y tras el baño se sometía a la sesión de masajes de Enrique Pascual que lo hacía pegar alaridos.

Pascual, en unas páginas donde dejó un registro de la época, recuerda que Gardel llegaba a la sede de la Asociación en Paseo Colón 161 hablando con tono dicharachero de su apetito: “¡Muchachos, cada vez que se me va la mano, este mondongo se pone mas bravo!”.


(x) Se trata de Enrique Glücksmann, hermano de Max Glücksmann.

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