domingo, 27 de marzo de 2011

GARDEL Y LE PERA EN AYACUCHO – PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Habíamos visto en la ciudad de Ayacucho, un busto de Carlos Gardel y un mural con su imagen, en la plazoleta que lleva su nombre, desarrollado en la entrada: http://gardelysusmonumentos.blogspot.com/2008/10/en-ayacucho-provincia-de-buenos-aires.html
       
Ahora veremos algo más en la misma plazoleta, que fuera descubierto por la amiga Clara Koser, cuando estuvo en Ayacucho el 2 de noviembre de 2010, y cuyas fotografías lamentablemente se perdieron, pero que generosamente nos envía las tomadas por Angel Casal Loidi, el 15 de abril del corriente año.


Se trata de un homenaje dedicado a la memoria de Alfredo Le Pera, el cual consiste en un árbol, que lleva el nombre del malogrado autor y compositor, tan ligado a Gardel en la que sería la última etapa de su carrera artística.

En la siguiente fotografía puede verse en el centro el busto de Gardel, a la izquierda de la imagen el árbol dedicado a Le Pera, y detrás y a la derecha el mural con la figura de Gardel y parte de la letra del tango “Vida Amarga”.


En la imagen que encabeza la presente entrada, se reproduce el árbol, en cuyo pie está ubicado un pedestal, donde se apoya la placa conmemorativa.


Y finalmente la placa indicando que el árbol lleva el nombre de Alfredo Le Pera en su memoria, con fecha 24 de junio de 2001, al cumplirse sesenta y seis años de su partida física, colocada por la “Agrupación Gardeliana Ayacucho”.


Valioso y merecido homenaje al poeta y guionista, a quien de vez en cuando se lo recuerda con una placa o en algún mural junto a Gardel, pero no así en este caso, en el cual se lo evoca con un monumento dedicado solo a él.

Alfredo Alfonso De Paula Le Pera, o Alfredo Le Pera Sorrentino, según algunos autores, nació en el barrio Ciudad Jardín, en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, el día 4, 6, o 7 de junio de 1900, fecha que tampoco se conoce con exactitud.


Más allá de su nombre y su fecha de nacimiento, lo importante es que con muy pocos meses de edad, es traído a Buenos Aires por sus padres, inmigrantes italianos, quienes se radican definitivamente en la ciudad capital de Argentina.

Estudió medicina, más por voluntad de sus padres que propia, abandonando en cuarto año, para dedicarse a su vocación de poeta y escritor, incorporándose al diario “Ultima Hora”, como comentarista teatral, continuando luego en “El Telégrafo”, “El Mundo”, “El Plata” y “La Acción”.

Su primera obra teatral, “La Sorpresa del Año”, fue estrenada en diciembre de 1927, a las que le siguieron, "Está abierta la heladera", "Gran Circo Político", "La vida se va en canciones", "La plata de Bebé Torres", “Los Modernos Mandamientos”, “Melodías de Arrabal”, "Opera en Jazz", "Piernas de Seda”, "Piernas Locas, Rojas Bocas", "¡Qué quieren los Brasileños!", "Un directo al Corazón", “Ya están secando con Broadway", entre otras, la mayoría de ellas en colaboración con otros autores.

Su primer tango fue “Carillón de la Merced", que escribiera a fines de 1930 junto a Enrique Santos Discépolo en Santiago de Chile, y que estrenara Tania en el Teatro Victoria de Santiago de Chile y luego en el Cómico de Buenos Aires.


Consultando la base de datos de SADAIC, se puede observar que “Carillón de la Merced", fue la única obra que compusiera antes de vincularse a Carlos Gardel.

A fines de 1931, Alfredo Le Pera se radica en París, trabajando para la empresa cinematográfica “Artistas Unidos”, estando a cargo de la traducción al español, de los títulos y diálogos sobreimpresos en las películas.

En 1932 trabaja para la “Paramount” y es allí donde se convierte en el guionista de las películas de Gardel y en el autor de la letra de sus canciones.

No se sabe si fue Gardel quien pidió a Le Pera, o si fue la “Paramount” quien decidió que éste fuera el guionista del “Zorzal Criollo”.

Algunos autores sostienen que Gardel urgido por conseguir un poeta y guionista acudió a Edmundo Guibourg, quien le habría recomendado a Le Pera, aunque también circuló la versión que Gardel estaba molesto por una crítica adversa que hiciera el autor.


En el diario “La Nación del 24 de junio de 2010, el encuentro se relata de la siguiente manera:
El encuentro tiene varias historias paralelas. La primera hipótesis cita el primer encuentro entre los dos protagonistas a mediados de la década del veinte cuando un enfurecido Carlos Gardel fue a recriminarle a Le Pera, por ese entonces periodista dedicado a la actividad teatral, una crítica desfavorable. La otra hipótesis del encuentro tiene más cercanía con el periplo de Gardel por Europa a inicios de la década del treinta. En ese momento, Le Pera trabajaba, entre tantas otras cosas, como subtitulador de una empresa de cine subsidiaria de la Paramount. "El Zorzal criollo" andaba en busca de un socio creativo para dar forma a sus nuevos proyectos musicales y cinematográficos tras el éxito que había alcanzado la película Luces de Buenos Aires.
Edmundo Guibourg, un amigo en común, los reunió en un restaurante de la calle Pigall en París, frecuentado por artistas argentinos en el exilio. La historia es citada por el escritor Rubén Pesce en el libro Los poetas, de Corregidor. "Gardel me pidió que colaborase en su próxima película. Yo le respondí que no era mi oficio -cuenta Guibourg-. Pero en cambio le dije: «Te voy a presentar a un muchacho que podrá servirte de mucho. Algo ha hecho». Cuando le nombré a Le Pera, me dijo: «¡Yo lo conozco de los cafés de Buenos Aires!». Nos reunimos en la esquina del restaurante Rochefoulcauld. Allí se arregló Gardel con Le Pera, a quien llevó luego a los estudios Joinville. En adelante, como se sabe, Le Pera le sirvió de mucho a Carlos porque era muy capaz y, a la vez, un trabajador infatigable. Si algún arrepentimiento tengo de haberlos presentado es porque Le Pera le sacó a Gardel la superstición de viajar en avión." Guibourg tenía razón. La sociedad creativa sólo daría buenos resultados. Le Pera desarrollaría una intuición, un lirismo y un oficio para el que se había entrenado toda su vida y volcaría en letras a personajes hechos a medida de Gardel, lo que lo transformaría en una estrella de Hollywood poco antes de su muerte.

Lo más probable es que se conocieran en Buenos Aires, ya sea en alguna actuación del querido cantor, o en algún espectáculo en que hubieran coincidido asistir, o en algún café de Buenos Aires como expresara Guibourg.

El recordado actor Tomás Simari escribió en 1956 el libro “¡Mi historia la escribo yo!”, donde recuerda que posiblemente fue él quien los presentó en el año 1923 en Buenos Aires.


El relato es breve, ocupa apenas casi la mitad de la página 51, y sintetizo lo escrito por Tomás Simari: Corría el año 1923. Terminada mi actuación en la sala del centro, José Martínez me apalabró para formar compañía y presentarme en su nuevo Teatro de Verano, sito en la calle Pasco, entre Cochabamba y San Juan.
Tenía para mi administración a un jovencito reconcentrado y muy inteligente, que mientras llenaba los bordereaux, escribía letrillas de tango. ¿Su nombre? Alfredo Le Pera.
Una tarde de lluvia torrencial representábamos “El Casamiento de Chichilo”, cuando llegó Carlitos Gardel y así conoció en el Teatro de Verano al gran pibe Alfredo Le Pera.
¿Que de antes habían confraternizado? No lo creo. Pero lo único cierto, es que ambos se tomaron de la mano para el éxito popular, que sólo el dolor de Medellín pudo quebrar.


Sea cierto o no este relato, Gardel y Le Pera prosiguieron cada uno con su respectivas carreras y recién casi una década más tarde comenzarían juntos su inolvidable etapa cuando en París emprendieran una vertiginosa carrera contra el reloj, para la creación de los argumentos de las películas “Espérame”, “Melodía de Arrabal”, y el medio metraje “La casa es seria”, más las diez letras de las canciones incluidas en dichos filmes, aunque aquí hay que hacer la salvedad que Mario Battistella fue coautor de seis de ellas y César Lenzi de otra.


De ahí en más Le Pera será el único autor de los libretos de las películas que Gardel filmara en New York y el único autor de la letra de las veintidós canciones que en ellas canta el “Zorzal Criollo”.


Gardel finaliza sus grabaciones en la Victor, con una versión hablada, para promocionar básicamente los discos del sello, y en cierta medida las dos últimas películas, y la gira. En la grabación también habla Le Pera, quien expresa:

- Yo felicito a Gardel y a la “Casa Victor” por este contrato y en cuanto a mí mismo, al placer de ver registradas mis composiciones en discos de magnífica calidad, se agrega la satisfacción de saberme interpretado por un artista del gran talento de Carlos. Adiós querido publico.


Mucho se ha escrito si Gardel hubiera sido Gardel sin Le Pera, o si Le Pera hubiera sido Le Pera sin Gardel.

Si bien el tema es polémico, cabe recordar que Gardel ya era Gardel antes de conocer a Le Pera, en cambio Le Pera no había trascendido antes de conocer a Gardel. Personalmente creo que la unión Gardel-Le Pera se dio en el momento justo de la corta vida de ambos, y Medellín nos dejó sin tiempo para llegar a conocer otro guionista y libretista que pudiera reemplazarlo, si es que hubiera hecho falta hacerlo.

En síntesis la figura de Gardel por sí mismo, opacó la de sus acompañantes. El público quería ver y escuchar a Gardel, sin importarle quien era el guionista de sus películas y el autor de la letra de sus canciones, como no le importaba quienes eran sus guitarristas o los directores de sus filmes.

Por estos motivos entiendo que son tan escasos los merecidos homenajes a Le Pera, los guitarristas, y la comitiva que acompañaba a Gardel en la que sería su última gira, y en muy pocos monumentos se los recuerda.


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