domingo, 13 de diciembre de 2009

EN EL “MUSEO CEMENTERIO DE SAN PEDRO” - MEDELLÍN – COLOMBIA

Por iniciativa de Pedro Uribe Restrepo, se reunieron en junta el 8 de julio de 1842, miembros de la élite comercial, política e intelectual de la época de la Villa de la Candelaria, decidiendo fundar un nuevo cementerio, debido a que el “Cementerio de San Lorenzo”, fundado en enero de 1828, era el único existente y era considerado demasiado pequeño para seguir proporcionando el servicio a las familias de Medellín.

El 30 de septiembre de 1842, se firmó la escritura de compra de los terrenos, siendo inaugurado indistintamente como “El Cementerio Nuevo”, de “Particulares” o de “San Vicente de Paúl”, hasta el año 1871, en que tomó su nombre actual.

Popularmente se lo llamaba como “El Cementerio de los Ricos”, o la “Ciudad Blanca”, por la gran cantidad de mausoleos y esculturas elaboradas en mármol de Carrara, traído especialmente desde PietraSanta, Italia.

El 29 de octubre de 1998 fue reconocido como museo, siendo el primer cementerio en América latina, en ser declarado como tal, y el 5 de agosto del año siguiente fue declarado “Monumento Nacional”, siendo administrado por la “Fundación Cementerio de San Pedro”.

El ingeniero y actor Daniel Naranjo, de 31 años de edad nos relata en su blog http://danielnaranjo.blogspot.com/
La semana pasada estuve visitando uno de los sitios que más amo de Medellín, el Museo Cementerio de San Pedro. Es un lugar hermoso, que recomiendo a todos los turistas pero sobretodo a quienes viven en Medellín que no saben lo que en el museo puede encontrarse. Perdidos, encerrados entre cientos de lápidas, el visitante pueden encontrar una arqueología de la sociedad antioqueña, y una cronología de personajes ilustres. Puede encontrarse, por ejemplo, la tumba de Pedro Nel Gómez, un muralista de dotes excepcionales (y en cuya tumba ningún mural se encuentra), o la de Jorge Isaac, autor de la novela más importante del Valle del Cauca, quien pidió ser enterrado en Medellín. Se encuentra también la tumba de Efe Gómez, ingeniero y poeta, o la de Fidel Cano, el fundador del periódico que fuera el más importante del país. También un monumento en donde antes se encontraba la tumba de Gardel.

A mí, lo que me gusta del cementerio no es la cantidad de personas ilustres que yacen olvidadas, sino el arte que vive en él. Hace 100 años, San Pedro era el cementerio de los ricos, así que hermosas esculturas de gustos exquisitos adornan cada parte, cada rincón. Un ángel silencioso pide al visitante que guarde sus palabras, y otro, vigilante, empuña una espada que no debiera ser blandida. Tres mujeres caminan llorando sobre uno de los mausoleos, y una más, desconsolada, llora sobre la tumba de su hijo.

Desde el 26 de junio, hasta el 17 de diciembre de 1935, los restos de Gardel fueron inhumados en el “Cementerio de San Pedro”, de donde fueran transportados en tren hasta el pueblo de La Pintada, para luego cruzar las montañas andinas a lomo de mula, hasta Riosucio. De allí fue llevado en camión hasta la ciudad de Armenia y nuevamente en ferrocarril hasta el puerto de Buenaventura sobre el Pacífico, para trasladarlo en barco pasando por Balboa (Panamá), Nueva York, Montevideo y arribando a Buenos Aires recién el 5 de febrero de 1936.

Delante de la tumba donde estuvieron los restos de Gardel, se convirtió en monumento a su memoria, tal cual puede apreciarse en la fotografía que encabeza esta entrada, tomada recientemente el 11 de noviembre de 2009, por mi amiga Clara Koser (en la foto), titular de los sitios http://www.gardel.us/ y http://www.HermosoGardel.com/ los cuales recomiendo, especialmente el ítem 24 del primero de ellos, que cuenta con importante documentación e imágenes no tan conocidas.

La placa del monumento, colocada el 24 de junio de 1995, al cumplirse los sesenta años de la desaparición física del inmortal cantor, es la siguiente:


Cuyo texto, si bien es legible, reproduzco a continuación.


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